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PARQUE ECOLOGICO CARMEN DE LOS JUNCALES.

OTRO PULMÓN PARA TABIO

Una ventana al paisaje, a la naturaleza, a la esperanza y a la vida . Ese es el primer aviso con el que el visitante se encuentra al llegar al parque ecológico Carmen de los Juncales.

Allí, contempla un lugar donde lo real se confunde con lo imaginario, donde el amarillo de la erosión se puede comparar con el verde de la reforestación, y donde el viejo vuelve a ser niño, cuando descubre la atracción por mecerse en un columpio, montar en un balancín y lanzarse al vacío desde un pasavolante, que es una cuerda sujeta a la punta de un palo, de unos seis metros de altura.

Esa zona bordeada por las aguas del río Tincé es la única reserva nativa que le queda a Tabio. Por eso, la están reforestando para ayudar a salvar la cuenca, cuyas aguas surten las termales y el acueducto del municipio.

El bosque pretende ser un lugar para la enseñanza de la cultura ecológica, de sus plantas nativas, y para afianzar en la comunidad el amor por la tierra y por si mismos.

Más de 22 mil árboles de especies nativas como el tuno, el encenillo, el cedro rosado, el trompeto y el mano de oso, entre otros, forman un bosque donde el canto de los pajaritos anuncia más visitantes por el lugar.

Al llegar al bosque y empezar a subir 133 escalinatas por entre la montaña, acompañados por el ruido de la cascada del Tincé, rodeados de árboles, de cavernas, que posiblemente le sirvieron de guaridas a los indígenas, cuatro guías hacen el recorrido, que dura una hora.

Durante ese tiempo enseñan a niños, jóvenes y viejos las bondades de la naturaleza y la importancia de la flora y la fauna.

Aquí cuidamos el agua para que otros la cobren . El hombre es el máximo destructor y eso que solo tiene dos patas , Prohibido hacer fogatas , son algunos de los letreros que cuelgan de los árboles del bosque, para hacer que la visita no se vuelva tan formal y, al contrario, sea más didáctica.

Después del recorrido por el bosque nativo y en la escalinata número 133, se empieza a ver el parque donde se han recuperado juegos que, se presume, anteriormente practicaban los indígenas, como el balancín, el pasavolante y el columpio.

Además, tiene siete cabañas, rancho centinela del viento, el nido del vira vira, los encenillos y otras más, donde caben dos personas, para que los que quieran quedarse y ser multiplicadores de saberes ecológicos puedan disfrutar de una noche con la naturaleza viva y un amanecer acompañado de la luna y de las mirlas, para luego difundir un mensaje verde.